Archivos Mensuales: febrero 2017

Roseta Mauri, la bailarina catalana que pintó Degas

Roseta Mauri en el cuadro "Fin d'arabesque" de Edgar Degas.

Roseta Mauri en el cuadro “Fin d’arabesque” de Edgar Degas.

Fue étoile del Ballet de la Ópera de París a finales del siglo XIX y musa de artistas impresionistas

IRATXE DE ARANTZIBIA/ SAUTDEBASQUE

Muchos balletómanos admiramos toda la serie de bailarinas que pintó Edgar Degas (1834-1917), pero quizás no tantos conocen el dato de que la bailarina Roseta Mauri (Palma de Mallorca, 1849-París, 1923) es la protagonista de algunos de los lienzos más conocidos.

Hija del maestro de ballet y coreógrafo de Reus, Pere Mauri, y de Carmen Amada Segura, de origen mallorquín, Isabel Amanda Rosa Mauri Segura nació en Palma de Mallorca, el 15 de septiembre de 1849, aunque siempre se sintió y ejerció de reusense. Bajo la tutela de su padre, inicio su carrera, completando su formación de la mano del coreógrafo y bailarín belga Henri Dervine. Debutó en Mallorca en 1865 y, un año después, accedió al Teatro Principal de Barcelona, contando como partenaires con Vicente Moreno y Manuel Panadero.

(De izda a dcha): Retrato de Roseta Mauri en 1881 y fotografía con su padre, Pere Mauri.

(De izda a dcha): Retrato de Roseta Mauri en 1881 y fotografía con su padre, Pere Mauri.

Su carrera fue creciendo hasta convertirse en Primera Bailarina en baile español en el Teatro Principal de Barcelona en 1871 y en Primera Bailarina del Liceo de Barcelona en 1873. Tras algunas actuaciones en el extranjero como en el Teatro Imperial de Berlín donde le felicitó el emperador Guillermo I de Alemania en 1875, Teatro Comunale de Trieste, Teatro Imperial de Roma y Teatro Regio de Turín, su carrera eclosionó gracias a una actuación en La Scala de Milán en 1877, debido a la que el compositor Charles Gounod recomendó que la contrataran en el Ballet de la Ópera de París. Se convirtió en étoile de la prestigiosa compañía parisina un año después, consiguiendo el favor del público que la apodó la ‘Patti del ballet’, en alusión a la soprano Adelina Patti.

Roseta Mauri en "Le Cid".

Roseta Mauri en “Le Cid”.

En la Ópera de París, creó papeles en los ballets “La farandole”, “La Tempête” o “Sylvia”, este último con música de Léo Delibes, obra en la que estableció el canon de interpretación. Su papel más recordado fue “La Korrigane”, con coreografía de Louis Mérante sobre música de Charles-Marie Widor, estrenado en 1880 y que realizó más de cien representaciones en la Ópera de París. Jules Massenet en su ópera

“El Cid” (1885), creó el ballet especialmente para ella. Se retiró de escena en 1898 con la interpretación de “L’Étoile” de Andrée Wornmeser, aunque siguió vinculada a la casa francesa de ballet como maestra de ballet y mentora de gran parte de las bailarinas parisinas de comienzo del siglo XX.

(De izda a dcha): Acuarela de Anders Zorn, boceto de Renoir, retrato de Léon-François Comorre, retrato de Édouard Manet y cuadro de autor desconocido.

(De izda a dcha): Acuarela de Anders Zorn, boceto de Renoir, retrato de Léon-François Comorre, retrato de Édouard Manet y cuadro de autor desconocido.

Su carácter y personalidad inspiró a numerosos artistas que la inmortalizaron como los pintores Edgar Degas, Édouard Manet, Pierre-Auguste Renoir, Anders Zorn, Léon-François Comerre, los escultores Denys Puech, Laurent-Honoré Marqueste, Eusebi Arnau y el fotógrafo Nadar. Muy conocidas en el mundo del ballet son las pinturas de Degas  “Fin d’arabesque” (1877),”Danseuse sur scène” (1878) o “Ballet vu d’une loge à l’Opéra” (1885). También inspiró a literatos como a Stephane Mallarmé, quien tras verla actuar en “Le deux pigeons” escribió que estaba impresionado por “sa divination melee d’animalite” (su divina animalidad).

Diversas imágenes Roseta Mauri durante su etapa como estrella de la Ópera de París.

Diversas imágenes Roseta Mauri durante su etapa como estrella de la Ópera de París.

Entre los hechos anecdóticos de su biografía, se cuenta que se negó a comer caviar porque el zar se había vuelto a hablar con una acompañante durante su actuación. Otro rumor asegura que Antonin Proust, que había sido Ministro de las Artes (1881-1882) y amante de Mauri, se suicidó dos días después de una virulenta pelea con ella durante una cena.

Roseta Mauri falleció en su casa de París (rue Scribe 19), el 3 de diciembre de 1923 y fue enterrada en el cementerio Montparnasse en la tumba familiar donde descansan sus padres y sus hermanos. A partir de 2002, su amado Reus convoca el Premio Internacional de Danza Roseta Mauri.

Roseta Mauri en el cuadro "L'étoile" (o "La danseuse sur scène").

Roseta Mauri en el cuadro “L’étoile” (o “La danseuse sur scène”) de Edgar Degas.

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Dantzan: Entrevista a Igor Yebra

(De izda a dcha): Igor Yebra, Natalia Bessmértnova y Yuri Grigorovich. Moscú.

(De izda a dcha): Igor Yebra, Natalia Bessmértnova y Yuri Grigorovich. Moscú.

“La mayor parte de mi carrera ha sido solo, buscándome a mí mismo”

IRATXE DE ARANTZIBIA/ DANTZAN

Inspirada en la ópera “El príncipe Igor” de Alexander Borodin, la premonición de su madre para escoger el nombre de su tercer hijo resultó proverbial. Aunque en sus deseos infantiles anheló ser portero del Athletic, lo cierto es que el camino profesional de Igor Yebra iba a ser otro. Con tímidos contactos con la danza desde siempre pues sus padres habían bailado de forma amateur en el Ballet de la ABAO, no se lo tomó en serio hasta los trece años. Poco después, debutó con el Ballet de Víctor Ullate (1987-1996), etapa que concluyó poniendo un pie en las antípodas, con The Australian Ballet (1997-1999). De forma freelance, Yebra continuó su carrera con invitaciones de compañías de todo el orbe, aunque posteriormente disfrutó de una etapa de mayor estabilidad gracias a las invitaciones permanentes del Ballet de la Ópera de Roma (2002-2012) y el Ballet de la Ópera de Burdeos (2002-2016), donde alcanzó la máxima categoría existente: étoile, es decir, estrella. En 2004, protagonizó un gran hito del ballet mundial: ser el primer bailarín no ruso en interpretar “Iván el terrible” de Yuri Grigorovich en el Palacio del Kremlin. Con casi tres décadas de laureada y premiada trayectoria a sus espaldas, en 2016 se retiró de Burdeos para abrir una nueva etapa profesional. Quién sabe si la escuela que inauguró en su Bilbao natal hace diez años sea su nuevo horizonte. No busca ser ejemplo de nada, huye de los estereotipos y es consciente de lo “surrealista” de su carrera, a sus cuarenta y tantos años –evita desvelar su edad-, Igor Yebra habla sin tapujos y con una dosis de sinceridad poco habitual, de toda su trayectoria profesional.

¿En qué momento de su carrera se encuentra?

Estoy en una nueva fase de mi carrera que pueden ser muchas cosas o puede ser nada. No puedo concretar más porque hay campos abiertos que hay que ver por dónde fluyen. Hay pocos bailarines que hayan sabido hacer transiciones y esto es otro momento de evolución. No puedo pretender bailar ahora lo mismo que bailaba hace diez años, porque no me interesa. Cuando yo hacía las funciones, siempre pensaba que quizás podía ser la última vez que hiciera ese espectáculo. Para qué te voy a contar el plan si igual no estoy mañana. Me gustaría hacer cosas diferentes, adecuadas a lo que puedo hacer de calidad. Uno de los motivos de abrir la escuela era tener libertad y así me estaba quitando una presión de encima. La mayoría de los bailarines no piensan en después qué. Sé que no hay un mañana seguro, pero si lo hay, algo tienes que tener planificado.

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Igor Yebra interpretando "Ícaro" de Serge Lifar, papel con el que debutó con el Ballet de la Ópera de Burdeos. ©Sigrid Colomyes.

Igor Yebra interpretando “Ícaro” de Serge Lifar, papel con el que debutó con el Ballet de la Ópera de Burdeos. © Sigrid Colomyes.

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